La pérdida auditiva no siempre comienza con la sensación de “no escuchar”. En muchas personas, las primeras señales aparecen de forma mucho más sutil: empiezan a pedir que les repitan las palabras, suben el volumen del televisor, tienen dificultad para seguir una conversación cuando hay varias personas hablando o sienten que escuchan la voz, pero no comprenden claramente lo que se les dice.
Precisamente por ello, detectar una alteración auditiva a tiempo puede marcar una gran diferencia.
Una evaluación auditiva profesional permite conocer no solo cuánto escucha una persona, sino también qué tan bien comprende las palabras que escucha.
Dos de las pruebas fundamentales para obtener esta información son la audiometría y la logoaudiometría.
¿Qué es una audiometría?

La audiometría es una prueba que evalúa la capacidad de una persona para detectar diferentes sonidos. Durante el examen se presentan tonos de distintas frecuencias e intensidades para determinar el nivel mínimo en el que cada oído puede percibirlos.
Los resultados se representan mediante un audiograma, que permite al especialista identificar:
- El nivel de audición de cada oído.
- Las frecuencias en las que existe mayor dificultad.
- El grado de pérdida auditiva.
- Si existe diferencia significativa entre ambos oídos.
Información necesaria para el diagnóstico y tratamiento de la audición.
¿Y qué es la logoaudiometría?

Una persona puede ser capaz de detectar un sonido, pero tener dificultades para comprender correctamente una palabra.
La logoaudiometría complementa la audiometría utilizando estímulos del habla para evaluar cómo responde la persona ante palabras presentadas a diferentes intensidades.
En términos sencillos:
- La audiometría evalúa cuánto escuchas.
- La logoaudiometría ayuda a evaluar cuánto entiendes de lo que escuchas.
Esta diferencia es especialmente importante cuando una persona comenta frases como:
“Escucho que me hablan, pero no entiendo bien lo que dicen”.
La capacidad de reconocer el habla es un componente relevante de la valoración del impacto de una pérdida auditiva y puede aportar información que no siempre se obtiene observando únicamente los umbrales tonales.
Señales que indican que podrías necesitar una evaluación auditiva
No es necesario esperar hasta sentir que “ya no escuchas”.
Presta atención si:
- Subes constantemente el volumen del televisor.
- Pides a las personas que repitan lo que dijeron.
- Confundes palabras parecidas.
- Te cuesta entender conversaciones en restaurantes, reuniones o lugares con ruido.
- Escuchas mejor de un oído que del otro.
- Sientes que las personas hablan demasiado bajo.
- Utilizas con frecuencia el altavoz del celular para escuchar mejor.
- Evitas reuniones porque te resulta difícil seguir las conversaciones.
- Tus familiares han comenzado a decirte que no estás escuchando bien.
El objetivo es escuchar mejor y comprender mejor.
La audiometría y logoaudiometría: dos pruebas que se complementan
Realizar únicamente una prueba puede proporcionar información parcial.
Por eso ambas pruebas pueden formar parte de una evaluación auditiva más completa según las necesidades del paciente.
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